lunes, 15 de diciembre de 2008

La costumbre del milagro

Ante la razón calculadora todo es un milagro. Ella numera la distancia entre los cuerpos en movimiento, pero no sabe por qué esos cuerpos no se desploman repentinamente en la nada. Explica de qué están compuestos los planetas lejanos, pero aún no ha inventado la ecuación que muestre el lento movimiento de las galaxias, en el que inmensidades de luz y polvo devoran otras inmensidades atravesando no se sabe qué océano de oscuridad y tiempo. Cuantifica el número de leucocitos en la sangre, pero no sabe por qué, hace miles de años, un puñado de barro dijo “yo”. No sabe decir qué cosa tan prodigiosa es que un instante suceda a otro. Esta razón es la frágil costumbre de un orden que apenas se sostiene frente a un abismo de silencio y dudas.

Fue entonces la costumbre del milagro la que nos hizo llamar normal y razonable a lo que es mágico. Y, sobre todo, el milagro de todos los milagros: la belleza. Por ejemplo ahora que desde la ventana de mi cuarto veo reflejarse la luz sobre las hojas de la grevillea y me llega el olor de los olivos, y contemplo esta inmensidad, este misterio tremendo, cuando parece que la naturaleza está a punto de desdecirlo todo, abrir los labios y susurrar: “heme aquí”.

22 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

El "heme aquí" de la naturaleza, de su belleza, siempre está esperando oír otro "heme aquí": el del hombre. Ahora sí que está la obra completa, la contemplada y su contemplador, la cultivada y su cultivador, la morada y su morador.

Yarg Nairod dijo...

"Esta razón es la frágil costumbre de un orden que apenas se sostiene frente a un abismo de silencio y dudas". Sin palabras. Me recuerda un poco a esa "fe de la vida cotidiana" (de las cosas cotidianas)de la que habla Ratzinger...

Jesús Beades dijo...

Caray, qué texto. (Lo de caray, es por no decir coño).

Ignacio dijo...

¿Tiene que haber un porqué?

Alejandro Martín Navarro dijo...

Me consuela, Beades, que tu "caray" sea, en realidad, un "¡coño!", porque si no lo aclaras, me creo que es un "recórcholis" y entonces no sabría qué pensar...

Ignacio: no sé muy bien por dónde va tu comentario. Hay un porqué de los árboles, los hombres y los planetas, así que hay un porqué de la suma de todo ello. Que hay "porqués" de las cosas es algo que se deduce del concepto mismo de "cosa".

Asunto distinto es que ese porqué no sea lo que esperamos, o que nuestra limitada inteligencia no sea capaz de encontrar un porqué al conjunto de todo lo que existe. Pero eso es precisamente lo que digo en mi entrada.

Un saludo a todos

Ignacio dijo...

Es que no me parece que vaya de suyo. Hay cosas, y personas, y hay el mundo; y sí, estoy de acuerdo en que es todo una frágil maravilla, que podía no haber sido, que puede dejar de ser (bastan unos pocos grados de temperatura, arriba o abajo).

Pero de ahí a preguntarse por qué hay todo eso va un salto. No es inmediato. De hecho, es una toma de postura. Yo no es que elija no hacer esa pregunta, es que no le encuentro sentido. Gramatical, incluso.

La ciencia explica -va explicando- cómo son las cosas. No hay que pedirle otra cosa, ni es un desprestigio para ella el no dar otra cosa. El que quiera un porqué puede inventárselo, pero no pretender que es una pregunta obligatoria.

Anónimo dijo...

HERMOSO BLOG. ENHORABUENA.FELIZ NAVIDAD ALEJANDRO.- R.Simón

Alejandro Martín Navarro dijo...

Bueno, Ignacio, este asunto nos llevaría a discusiones filosóficas que rebasan con creces las pretensiones de mi entrada. Yo sólo quería constatar la incapacidad de la razón para dar cuenta de todo lo que va más allá de su uso empírico. Y, a partir de ahí, hacía una "reflexión poética" -por llamarla así- sobre el frágil misterio de la existencia. Hasta ahí nada en contra de la gnoseología que parece deducirse de tus palabras.

En cuanto a la cuestión del "porqué", tengo la sensación de que eres tú el que adelanta una toma de postura clara y pretende hacer inválida una pregunta que, sin embargo, entiende cualquiera. Gramaticalmente tiene sentido todo aquello que puedo decir en el contexto de una comunicación concreta, porque como decía el segundo Wittgenstein, el significado de las palabras no es más que su uso en el lenguaje. Y cualquier usuario del lenguaje entiende lo que quiero decir al preguntarme por qué existen las cosas, por qué el hombre es un ser consciente, o cómo se despliega eso que llamamos universo, que son, más o menos, los ejemplos que yo tomaba en el texto.

Otra cosa bien distinta es que ni el lenguaje ni la razón estén capacitados para aventurar una respuesta, porque una respuesta siempre pretende ser un conocimiento, y el conocimiento sólo es posible aplicando las reglas del entendimiento a los hechos. Y en estas cuestiones metafísicas no hay hechos ni puede haberlos. Tú mismo lo sugieres: "el que quiera un porqué puede inventárselo". Pero yo no hablaba de "porqués" ni me inventaba ninguno. Constataba, más bien, que no los tenemos.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Ramón: me alegra ver tu paso por aquí. Gracias por tu comentario, felices Fiestas y espero que nos veamos pronto. Un abrazo

Ignacio dijo...

Buscando la autoría de la famosa frase: "¿Por qué hay algo y no más bien nada?" (ha resultado ser, como sabrán ya los lectores más cultivados que yo, de Schelling) me he encontrado con esta entrada un blog: http://www.hernansaavedra.cl/content/view/115384
que creo ejemplifica bien las dos posturas. El autor me encuentra cobarde por no hacerme una pregunta que veo no ininteligible (tienes razón, he sido impreciso y excesivo al traer la gramática al traer escena) pero sí absurda. Y yo, como bien describe, le encuentro a él infantil por pretender que se puede elegir a voluntad una visión del mundo que nos parezca satisfactoria.

Ignacio dijo...

Por otro lado, y para no alejarme mucho de la entrada, te diré que el sentimiento de maravilla ante el mundo (que comparto plenamente) se condice más, a mí entender, con la ausencia de porqués que con el empeño en encontrarlos.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Un par de apuntes:

creo que es Leibniz el que recoge esa pregunta -bastante antes que Schelling- en su obra "Principios de la naturaleza y de la gracia".

Insisto en que lo absurdo es pretender disponer de una respuesta definitiva y transparante, pero no la pregunta como tal. Hacer esa pregunta es arremeter -vanamente, si pretendemos dar con la respuesta- contra los límites del entendimiento y del lenguaje, y asomarnos así al abismo de nuestra propia finitud. Y eso -y no la mera anulación voluntarista de la pregunta- es lo que nos pone ante la maravilla del mundo. Si, como propones, es absurdo hacer esa pregunta, ¿qué tiene de frágil, enigmático y maravilloso el mundo? Está ahí, sin más, poblado de objetos que se comportan de acuerdo a leyes más o menos precisas. Creo que no te das cuenta de que tú mismo te preguntas "¿por qué?" en el momento mismo de asombrarte del mundo.

En cuanto al artículo que enlazas: lejos de ejemplificar bien las dos posturas, creo más bien que simplifica el asunto hasta lo infantil. Las dos opciones a elegir no son un burdo positivismo o una ingenua metafísica. No es una opción entre A: "es absurda la pregunta" o B: "existe un Dios, un Tao o un Mahamaya". Además de otras muchas, me parece igualmente legítima la postura de quienes asumimos -dentro de cierto kantismo- el carácter finito de la razón humana y por eso mismo admiramos el misterio de todo cuanto se le escapa.

En fin, Ignacio. No sé si aproximamos posturas. En todo caso, gracias por tus comentarios. Agradezco siempre la conversación con gente inteligente.

Ignacio dijo...

El autor de la página en cuestión es un chufla, no hay más que ver sus títulos; pero a mí me gustan las reducciones sencillas, qué le voy a hacer, y esa me parece que funciona. Al final todo va a parar en eso: o le exigimos a la realidad que dé cuentas de sí misma o la dejamos estar. Será cuestión de temperamento. No digo que no haya que hacerse la pregunta, de hecho la encuentro fascinante (aunque prefiero la fórmula "cómo es que", que no es exactamente lo mismo que "por qué")más bien quiero decir que se responde sola, con un encogimiento de hombros, con la negación de la pregunta. Que la realidad es un dato, y es neutra. Los significados y los porqués son una construcción humana, postiza, posterior.

No sé, por cierto, por qué al materialismo convencido de sí mismo siempre hay que añadirle la coletilla de burdo. Me recuerda a eso de la torpe sensualidad, como si no la hubiera bien hábil y refinada.

En fin, me quedo en la cuestión más pegada al post, e insisto. Cuando me maravillo ante el cuerpo desnudo de Charlize Theron (bueno, ante su reproducción filmada, ya quisiera yo) no creo estarme preguntando ningún por qué. Es un sentimiento puro de asombro, de deleite. Preguntarse cosas lo arruinaría.

A lo mejor es que no hablamos del mismo sentimiento. Pero créeme, si me preguntara por qué al asombrarme me daría perfecta cuenta.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Es curioso cómo el lenguaje permite acercar posturas sin movernos del punto de partida :-)

Posiblemente hablemos de sentimientos distintos. Yo me refería al sentimiento de maravilla ante el hecho de la existencia, no ante determinados existentes. Porque maravillarse ante el hecho de que las cosas "sean" implica que no va de suyo que las cosas "sean". Cosa bien distinta es maravillarse por "cómo es" Charlize Theron. (Por cierto, te agradezco el ejemplo, porque no sabía quién era, y ahora, gracias a ti y a google, he descubierto un nuevo motivo de piedad).

Algo más: yo no dije nada de "materialismo burdo", sino de "positivismo". Y no dije "burdo" dando a entender que cualquiera lo sea, sino acotando un tipo peculiar.

En todo caso, ya que lo mencionas, te diré que considero burdo cualquier sistema metafísico que se cree capaz de establecer a priori qué es real antes de toda experiencia. El materialismo, como doctrina que afirma que lo real es sólo materia, peca de dogmatismo, como todas las metafísicas. En primer lugar, porque afirma la realidad de algo (la materia) que no está en condiciones de definir, y encima lo convierte en la esencia de todo lo real. Pero ¿acaso son materia, en el mismo sentido, el bosón de Higgs, la fuerza electromagnética, la conciencia humana, el calor, los axiones? Todas esas "cosas" materiales tienen características bien distintas y están sometidas a leyes bien distintas, así que no pueden incluirse en una definición única y común. Y en segundo lugar, porque pretende que esa materia que ni siquiera puede definir sea todo lo que, de modo absoluto y sin género de duda para todo tiempo pasado, presente y futuro, constituye eso que podemos llamar "realidad". Desprecio el dogmatismo, y más cuando viene disfrazado de lo contrario.

La razón es una instancia crítica. Plantea problemas y aventura soluciones provisionales. Que la pequeña mente humana -la habitante más reciente del universo- se crea en condiciones de sentenciar sobre la composición de toda la realidad, hiere mi temperamento escéptico.

Ignacio dijo...

Me resulta difícil concebir una existencia humana sin el conocimiento de la realidad llamada Charlize Theron; sólo por haber ayudado a remediar esa carencia siento que ha valido ya la pena este intercambio.

Quisiera aclarar que mi queja sobre el adjetivo "burdo" no iba dirigida a ti, sino al contexto general. Me mola el materialismo, y me molesta que se lo quiera reducir a la vulgaridad del taco de billetes, el rolex de oro o las tetas operadas.

Dices que son materia cosas muy distintas: ¿y? No dejan de ser materia. El cerebro humano -qué carajo, personalicemos: mi cerebro- es una maravilla única, un milagro cósmico, un sofisticadísmo artefacto que ha logrado nada menos que ser el soporte de mi conciencia -ese maravilloso fenómeno que da sentido al mundo- y que posibilita procesos tan extraordinarios como la construcción de mi personalidad o la escritura de este post. El hecho de que todas esas maravillas resulten de interacciones químicas a nivel molecular, ¿le resta algo de su sagrada magnificencia? Yo creo que no. A mí la existencia y el funcionamiento de mi cerebro me parecen portentosas, y en ningún momento he sentido la necesidad de buscar agentes externos para explicarlo.

Y no encuentro nada de burdo en esta visión materialista del mundo. Mucho más burda me parece la hipótesis de un creador todopoderoso. Es lo que en matemáticas se llama una solución trivial, y en lenguaje cotidiano un refugio de perezosos.

Ignacio dijo...

Me queda siempre la sensación de haber dejado escapar el meollo. Vuelvo a intentarlo: sí que hablo de la maravilla de que las cosas sean (claro que si son en sí maravillosas la cosa va más fluida, pero no es eso). El sentimiento de que hablo, el puro goce ante la realidad (que tengo la suerte de experimentar a menudo, creo que tengo buenas antenas a ese respecto, en otras cosas seré un marmolillo) sí que tiene en cuenta que todo podría no ser. Ahí está la gracia: fíjate, en vez del vacío cósmico hay esta telaraña que recoge la luz de la tarde si la miras en cierto ángulo, y hay la Ópera de Sidney y los caracoles rellenos que me sirvieron en Saigón.

Que ese sentimiento de pura exaltación pida satisfacciones ulteriores me resulta contradictorio, espurio, mal explicado.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Seguimos dando círculos. Habrá que dejarlo en una cuestión de temperamento, me temo, ya que no acabamos de hacernos entender. En un ejercicio de fenomenología básica, se ve claro que maravillarse por el hecho de que las cosas sean implica un preguntarse por qué son, ya que nos maravillamos al entender que podrían no ser, no haber sido. Cosa distinta es que consideres que no hay respuesta a nuestro alcance a esa pregunta. Pero eso ya son cuestiones de "fe personal".

"Dices que son materia cosas muy distintas, ¿y? no dejan de ser materia". Entonces, ¿qué es la materia? Esa es una pregunta que los materialistas deberían ser capaces de contestar, ya que opinan que todo lo real es "materia". Pero no lo hacen. Lástima que dogmaticen tanto sobre algo que ni siquiera son capaces de definir. Éste es el error: suponen que hay algo fantasioso, irracional y mágico en aquellas entidades que violan las leyes físicas (dioses, fantasmas...). Para negarlas, establecen un marco estricto de férreas leyes, más allá del cual está lo Irracional (el marxismo, sus leyes de la historia; el determinismo dieciochesco, la causalidad mecánica, etc.), un marco que, lamentablemente para ellos, tienen que ir ampliando cada vez que la ciencia descubre nuevas irregularidades en el mundo. Pretenden establecer que la realidad está compuesta de una sola cosa (materia), pero en realidad no están dispuestos a aceptar que la realidad esté compuesta de diferentes géneros de cosas.

Pero el asunto es más sencillo y complicado a la vez: no sabemos de qué está compuesta la realidad, ni todas sus leyes, ni todos sus niveles. Por eso hay que liberar la mente (sí, como Neo en Matrix) y aceptar que la racionalidad es la capacidad de poner en cuestión todas las convicciones que nos ataban a una determinada imagen del mundo. No una máquina lógica para atarnos a una.

Ignacio dijo...

Sí, esa noria ya no da más agua. No veo, no consigo ver esa cuestión de ¿fenomenología básica?, esa correlación que tú encuentras automática. Por mí, dejémoslo ahí.

En cuanto la materia, tengo entendido que los científicos la van definiendo con cada vez mayor precisión. En el estado actual de conocimientos está establecido que todo lo que existe se compone de unas mismas partículas (bien por Demócrito, qué tío) subatómicas que sólo se diferencian en carga eléctrica, masa y otras características, como el spin, que medio entiendo cuando me las explican despacito.

Tu pregunta, creo entender, es de corte heideggeriano (si es que alguna vez he logrado medio entender a ese señor): ¿qué es aquello que soporta esas características? Bueno, se puede uno poner campanudo en alemán, llenarse la boca con el Misterio del Ser y proclamar la ineptitud de la ciencia para explicarlo, pero me temo que no hay mucho que explicar y sí muchísimo que aprender: esas partículas, por lo que a la Física respecta, son un agregado de características (las hay, por ejemplo, que no tienen masa, lo cual a mí me da mucho vértigo intelectual); la sustancia que soporta esos accidentes puede postularse como concepto abstracto, pero podría (me inclino a pensar) ser innecesaria para explicar el mundo.

En cualquier caso, sucede que todos los fenómenos dados pueden describirse como agregaciones e interacciones de esas partículas, por lo que tu apelación a "otros géneros de cosas" se me hace fantasiosa. A lo mejor si me pones un ejemplo...

Alejandro Martín Navarro dijo...

Dejémoslo, pues, en el asunto de la materia: es curioso cómo los materialistas dejan en manos de la ciencia la determinación de qué es eso que ellos dicen que constituye toda la realidad. Se parece mucho a la fe y a la autoridad. Ya que dejas en sus manos la determinación de esta cuestión, puedo asegurarte que los científicos no sólo no están definiendo con cada vez mayor precisión qué es la materia, sino que cada vez se desinteresan más de esa pregunta. Les importa demasiado conocer la realidad como para molestarse en dogmatizar sobre su esencia. Pero te doy ejemplos: la llamada “materia oscura”, que constituiría la mayor parte del Universo conocido, está compuesta por elementos que no comparte con el resto de la materia conocida (¿en qué consiste, entonces, “ser material”?). Se sabe que no está compuesta de los elementos que constituyen la materia “normal” (lo siento por Demócrito, y no creas que no me caía simpático el tío). Lo que llamamos “materia” es algo que se forma segundos después del Big Bang. ¿Cómo era la realidad antes? ¿Cómo lo será después? ¿Cómo es en otros niveles de realidad que no concebimos? Las partículas elementales no se encuentran en la Tierra: ¿cómo saber qué otros géneros de realidad habrá en los millones de rincones del Universo que desconocemos y por qué llamarlos “materia”? Todos estos géneros de cosas sirven como ejemplos. Y plantean demasiadas cuestiones como para afirmar que toda la realidad es materia y consagrar mi mente a la veneración de ese dogma.

Y ¡por Dios! ¡Heideggeriano yo! Lo que afirmo es bien sencillo y, puestos a elegir un filósofo que lo represente, me quedo con Kant: la mente posee categorías que sirven para interpretar el mundo. La lucidez consiste en no olvidar que la realidad es siempre algo más que ellas.

Ignacio dijo...

Dejar en manos de la ciencia... suena como si yo, que soy funcionario, desviara la cuestión a un negociado menor para desentenderme de ella.

Por el contrario pienso en la ciencia como el conjunton del conocimiento humano, como lo hacían Aristóteles, Pascal o Kant. A ellos les habría sonado raro, creo, ese mandar a un desván a la dueña de la casa.

Por lo demás, sigo a la espera de algún ejemplo de cosa real que no pueda explicarse como interacción de las partículas conocidas.

Fernando dijo...

(Alejandro, interrumpo un momento esta elevadísima charla para desearte feliz Navidad, que espero que vivas con tranquilidad, con tu familia, en Sevilla o donde te toque, con mucha paz de espíritu. Felicidades, y perdón por la interrupción)

Alejandro Martín Navarro dijo...

Fernando: no te disculpes e interrumpe cuando quieras. Ignacio y yo hemos acabado envueltos en una conversación potencialmente interminable, y está bien que alguien nos corte un poco. Feliz Navidad a ti también.

Ignacio: los ejemplos que te he puesto son suficientes. Se trata de hechos que la ciencia no puede explicar usando las leyes de la física clásica y que se componen de elementos distintos de los de la materia normal. Por tanto, no tiene sentido decir que "toda la realidad es materia" a no ser que "materia" acabe significando algo tan impreciso y amplio como "realidad", y entonces estamos en una tautología. Cuando los materialistas clásicos decía que la realidad es materia querían decir algo muy concreto: que está compuesta de átomos idénticos y que está sometida a la ley de la causalidad. Cuando ni una cosa ni otra valen para todo que la ciencia va encontrando en el mundo (primeros momentos del Universo, materia oscura, energía oscura, partículas subatómicas, etc.), es mejor abstenerse de sentenciar que la realidad es materia, porque "materia" ya no significa nada preciso.

Felices Fiestas a todos.