lunes, 13 de diciembre de 2010

Nacionalismo chic

El nacionalismo lo inventaron, en el fondo, los franceses: la idea -revolucionaria entonces- era no dejar dividido el país por las ambiciones de clérigos, nobles, terratenientes: sólo hay un soberano, el Pueblo. Tampoco perdió su aura romántica y su vocación progresista cuando sirvió de soporte intelectual a las luchas que llevaron a cabo los pueblos sometidos por el colonialismo (en la India de Gandhi, por ejemplo). Todo eso terminó tan pronto como el nacionalismo se convirtió en lo que es hoy, al menos en este país: un instrumento de confrontación manejado por élites económicas, que crece sobre una retórica de la violencia. Y entonces es posible ver a un multimillonario como Laporta adoptar, sin rubor, la retórica de un campesino de Chiapas, o a una actriz porno colaboradora del Programa de Ana Rosa, como Lucía Lapiedra, clamando contra la opresión. Ya nadie se esfuerza por tapar el hedor clasista que exhala, y cuyas reivindicaciones no se diferencian de las de una clase de banqueros que decidiese crear un Estado propio para no tener que financiar los subsidios de los camioneros. Adeu Espanya! no es la voz dolorida de Maragall, sino la voz ronca por el Bombay Sapphire, despidiéndose desde un yate privado que ya ha partido.

3 comentarios:

Ariel Elea dijo...

Hola, Alejandro.
Estoy de acuerdo en el fondo del artículo. Pero creo que hay una premisa que no es del todo correcta: la de que el nacionalismo es manejado por élites económicas. No digo que no lo sea. Pero creo que su fuerza principal radica en la falta de sentido del hombre moderno. Es un poco, salvando las distancias, lo mismo que ocurrió en la Alemania nazi. El pueblo no tenía un por qué para vivir, y el nazismo se lo dio.
Los nacionalistas más radicales son personas sin mucha preparación, que encuentran en esa trasnochada idea un motivo por el que vivir.
La gran mayoría de defensores de esa idea en el Pais vasco, son los que salen a la calle en multitud, no son los que están esperando el lanzamiento del último tomo de las obras de Ortega y Gasset. Son gente que, como diría Nietzsche, les das un por qué para vivir, y ya tienen un cómo.
Estoy de acuerdo en que las élites tienen mucho poder. Pero la base fundamental del nacionalismo es el inculto pueblo.
Un saludo.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Pero quienes mueven los hilos no son nada plebeyos (al menos en un sentido económico). Y el propio discurso es cada vez más clasista: "vamos a vivir mejor sin tener que pagar con nuestros impuestos a esos muertos de hambre" -es el fondo doctrinal.

En todo caso, sin duda es así como dices. Y precisamente eso es lo que, humanamente, mejor entiendo del nacionalismo: la gente se cansa y se frustra de lo que hay. Entonces -en medio de la frustración y la cutre cotidianeidad- aparecen Ideales. Ya sabemos qué bien sienta encontrar a un culpable (sean los judíos, los comunistas, los empresarios, o el Reino de España). Y, por lo demás, ¿cómo no emocionarse con un himno y una bandera que simbolizan "cualquier otra cosa"? Lástima que esa "cualquier otra cosa" sea "lo mismo de siempre".

Nicolás Fabelo dijo...

El nacionalismo es un engañabobos, y nunca debemos olvidar que si hay engañabobos es porque hay muchos bobos