martes, 7 de diciembre de 2010

Cuando el bien es noticia

Estos días no logro quitarme de la cabeza dos conversaciones: en la primera, estoy sentado hablando con los representantes de una Mesa Electoral Sindical, y empezamos a reflexionar sobre el hecho de que, cada cierto tiempo, aparece en televisión la noticia de que alguien se ha encontrado una cartera con dinero y la ha devuelto a su dueño. La reflexión es fácil: ¿qué demonios pasa en una sociedad cuando el bien es noticia? La segunda conversación tiene lugar con un amigo, que me cuenta que alguien ha roto el cristal del coche de su padre para robarle la acreditación de minusválido que permite aparcar en las zonas habilitadas para ellos. La reflexión también es fácil: ¡cuántos hijos de puta andan sueltos! Leyendo el periódico, me encuentro con el informe PISA, que vuelve a demostrar lo lerdos que somos, pero que no recoge ningún dato sobre la atrofia moral. Me pregunto si ambas cosas irán unidas: al fin y al cabo, una sociedad que vive de incentivar el consumo aporta todos los medios posibles para crear hedonistas preocupados por esa felicidad con la que sueñan las vacas y los ingleses (decía Nietzsche), pero carentes de generosidad, de capacidad de trabajo, de sentido para el bien colectivo. Ese hombre del que nada dice el informe PISA es el mismo que ahora se pretende domesticar con dos horas semanales de Educación para la Ciudadanía: ese narcisista en que se cumplen -si no escatológicamente, sí al menos sociológica y psicológicamente- las palabras de Cristo: "el que quiera salvar su vida, la perderá".

6 comentarios:

Ariel Elea dijo...

Hoy, curiosamente, no estoy de acuerdo contigo. Lo que no indica que esté en desacuerdo. Simplemente, me genera bastantes dudas.
Creo que hay que disociar, o por lo menos no unir, no crear la falacia naturalista, el conocimiento y la educación. No por el hecho de tener conocimientos debemos ser generosos, honestos. Esto sería caer en el intelectualismo socrático. Y creo que está comprobado que el "buenismo" de Sócrates no funciona en esta sociedad hobbesiana.
En cuanto al adoctrinamiento en Educación Para la Ciudadanía, también he de discrepar. Es dificil adoctrinar a alguien al que durante 45 minutos le estás diciendo "Nene, callate. Estate quieto. No hables con el compañero". Quizá las intenciones del gobierno eran esas, pero como en tantas otras ocasiones, la realidad se ha encargado de frustrarlas.
Un saludo

Nicolás Fabelo dijo...

En efecto, Alejandro, me temo que la condición de lerdo y la de atrofiado moral están estrechamente asociadas. Un saludo.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Ariel: tienes toda la razón. Pero la causalidad que yo sugería era la inversa: no que la educación genere bien, sino que el bien genere -o al menos anime- la educación. Es decir: que cuando la gente es honrada, trabajadora, consciente de su vocación colectiva, etc., es más fácil que respete y valore la educación. Y a la inversa.

Pero no sé: es sólo una intuición.

No sé por qué discrepas con lo de Educación para la Ciudadanía. Pienso exactamente lo mismo que tú, si te entiendo bien: que dos horitas semanales, en las condiciones que todos sabemos, no sirven para corregir ningún déficit moral.

Nicolás: eso parece. O al menos, caminan cerca la una de la otra.

ARIEL ELEA dijo...

Sí. Quizá no te entendí bien. Esa causalidad que sugieres es interesante. El problema es que la causa que nos debe llevar al efecto es complejísisma. Ya sabes que los valores que sugieres se alcanzan con multiples nexos que al final convergen. Y uno de ellos es una sociedad que valora y premia los "contravalores". El respeto, la honestidad, la generosidad, etc., no son los que la sociedad postmoderna crea o necesita. Son más bien otros. Por lo que dudo mucho que encontremos las fuerzas necesarias que nos lleven a conseguir una ciudadanía respetuosa y, por tanto, el efecto buscado, que valore la educación.
En cuanto a lo de ciudadanía, totalmente de acuerdo.
Es un tema interesante, pero en un blog hay que buscar la conclusión rápida. Por lo que la falta de matices hace que nuestro discurso pierda verdad.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Sí, Ariel, al principio me inquietaba esa falta de matices. Pero creo que las entradas de un blog tienen que ser concisas y, en cierto sentido, algo dogmáticas: no hay tiempo para afinar mucho (para eso están los comentarios).

Por cierto: me acabo de pasar por tu blog y me ha gustado mucho lo que he leído. Me pasaré más a menudo, con tu permiso.

Ariel Elea dijo...

Gracias por el comentario laudatorio. Viniendo de ti vale doble.
Por supuesto que te puedes pasar. Encantado de que lo hagas.