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domingo, 14 de marzo de 2010

Hipocresía abertzale

En el fondo del conflicto vasco hay siempre un problema de falta de explicitación. Lo primero que hay que poner sobre la mesa en un conflicto son las reglas que lo van a regir. Uno de los grandes logros de la civilización fue, precisamente, la "guerra", entendida como forma reglada de matarse, para sustituir a la forma indiscriminada de hacerlo. Aquí esto no se ha aclarado. Por eso resulta tan grotesca la retórica del mundo abertzale. Con el asunto éste de Jon Anza, en Gara ya hablan del "día en que Francia dejó de pertenecer al mundo civilizado". ¿No les merece, al menos, el mismo juicio quienes ponen bombas en los aeropuertos y tirotean a representantes políticos en plena calle?.

Es curioso. Ante la sola posibilidad de que se trate de un caso de violencia policial, desaparece el reiterado discurso que declara: "Estas son las graves consecuencias de un conflicto político que hay que resolver". No parece que lo consideren una mera consecuencia "lamentable". De hecho, parecen muy indignados, se manifiestan, y reclaman justicia. Exigen que cosas así no se repitan. Todo esto se parece bastante a "condenar" estos hechos (incluso antes de saber si han tenido lugar o no). En Gara se dedican más páginas y más artículos a la mera sospecha de que Anza haya sufrido una detención ilegal, que al hecho constatable y verificado de que ETA se ha cargado de un tiro a un policía francés. Se ve que tampoco ellos se conforman con que el dolor y la violencia sean meras "consecuencias" de un conflicto. Lo verían más claro si hubieran estado desde el principio en la trinchera de las víctimas.

jueves, 30 de julio de 2009

El nacionalismo moderado

Anasagasti, político nacionalista cuya inteligencia y sentido del humor admiro, tiene una entrada en su blog en la que se queja de las típicas críticas al PNV por poner una vela a Dios y otra al diablo. Bien: es cierto que el nacionalismo no es culpable de lo que hace ETA, pero sí es responsable de su existencia. Durante años, ha diseñado y fomentado un discurso de permanente deslegitimación de la nación española, y luego de la Transición y el orden constitucional. Es responsable de una peculiar idiosincrasia psicológica, exótica en Europa, que idiotiza a algunos con la nostalgia de un Reino sometido hace siglos, y que convierte a otros en sádicas alimañas capaces de las más horrendas crueldades.

ETA es un injerto marxista en el vetusto árbol del nacionalismo, surgido en el contexto de una lucha reaccionaria contra el liberalismo y la modernidad. Es cierto: los del PNV siempre condenan la violencia. Pero podrían hacer mucho más: podrían decir que el gobierno de Patxi López es infinitamente más legítimo que dejarse investir por quienes ni siquiera alzarían la voz si aquél fuese asesinado mañana; podrían agradecer la presencia de las FSE en el País Vasco y presentarlas como garantes de las libertades y derechos cívicos, en lugar de comparar unas simples maniobras militares con la invasión de Perejil; podrían aplaudir cada una de las actuaciones judiciales e iniciativas políticas contra el entramado social de la banda en lugar de presentarlas como anomalías propias de una falsa democracia; podrían proclamar que la autodeterminación y la independencia son deseos legítimos, pero no derechos conculcados por los que deban sentirse heridos y humillados; y, en fin, podrían dejar de ir por ahí reparando el honor de la Madre Patria con liturgias, banderitas e himnos. Pero, entonces, ¿qué les quedaría?


¿Te imaginas, querido lector (¿hay alguien ahí?), a Zapatero o Rajoy celebrando en Fuenterrabía la batalla de San Marcial con banderas rojigualdas y tarareando la Granadera...? Pero lo que es anormal para alguien normal es normal para un anormal. No sé si me explico...


miércoles, 17 de junio de 2009

Mi amigo Otegi y el nacionalismo asimétrico

Soy amigo de Arnaldo Otegi, sólo que él no lo sabe. A ver… resulta que un día vi una noticia en la tele en la que éste salía participando en no sé qué homenaje a no sé qué etarra. Así que me fui a dormir cabreadísimo con el incomprensible fanatismo de esta gente. Pero esa noche tuve un sueño: en él, Otegi y yo éramos viejos amigos. Cuando me acerqué a saludarlo después de un mitin, me abrazó y regaló un libro sobre Historia de España (!). Al despertar, estaba reconciliado emocionalmente con él y, aunque hace años de esto, no consigo –haga lo que haga y diga lo que diga– sentirle antipatía. (Si algún día consiguiéramos controlar los sueños de la gente, ¿no sería éste un método maravilloso para crear paz y amor en el mundo…?)

Pero bueno, le dejaremos esto a mi psicoterapeuta. El caso es que hace un par de días vi –con ojos fraternales, naturalmente– la entrevista que le hizo a Otegi el Follonero y que tanta polémica suscitó. Yo no sé si era para tanto o para más, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que el Follonero le podía haber dado tanta caña –por lo menos– como a la Iglesia, al Opus y a Jiménez Losantos. Pero no: a Otegi le podía tutear, decir cosas como “joder tío” y la conversación transcurría en el plan buen rollo de la izquierda cool.

Me quedo con un detalle de la entrevista: el único momento comprometido tiene lugar cuando el Follonero le sugiere “echarle huevos” un día y condenar la violencia, a lo que Otegi responde: “es muy español eso de los huevos, y la testosterona”. Vaya, hombre. Y mira que Sabino Arana dejó claro que los españoles éramos unos afeminados y los vascos unos tiarrones viriles. Pero bueno, testiculocéntricos o maricas, el caso es que somos un asco. En este tipo de detalles creo que se desvela la verdadera naturaleza del nacionalismo separatista, que nunca es simétrico. No basta con señalar que hay dos naciones diferentes. Es necesario crear jerarquías, establecer juicios de valor divergentes. La pureza de la izquierda vasca, comprometida con las mujeres, los obreros y los bosques, frente al falocentrismo nacionalcatólico, monárquico, bananero, taurino de la casposa Iberia. Distinguir es distinguirse. Y es esta disposición moral, esa previa satanización de lo otro y autoveneración totémica, la que permite convertir una abstracción estúpida en una profunda necesidad espiritual, y la que hace que estos sujetos puedan, con igual fervor, defender la flora de los Pirineos y crear huérfanos y mutilados. Tiene huevos la cosa.

jueves, 19 de marzo de 2009

Izquierda abertzale

Aunque ya tiene unos años, acabo de descubrir esta carta de Anasagasti a Otegi. Merece la pena.