jueves, 20 de noviembre de 2008

Belleza moral

Una señora se apresura por llegar a la parada antes de que el autobús se ponga en marcha. Dentro del autobús, un hombre, al verla, se levanta inmediatamente y pulsa el botón para abrir las puertas, y la señora llega a tiempo. El hombre lo ha hecho sin pensarlo. No esperaba nada ni nada le obligaba. Y sin embargo, lo ha hecho. Me ha recordado una idea de Schiller: la belleza moral, la acción donde la libertad se ha convertido en instinto. Estos pequeños gestos me llenan de una extraña alegría, y me hacen creer que quizá no esté todo perdido.

8 comentarios:

Jesús Beades dijo...

Las expresiones populares nos dicen algo al respecto, cuando se dice de un acto malo: "eso está muy feo". O "más feo que pegarle a un padre". O cuando se habla de una "bella acción". Tu anécdota comienza igual, como un acto aislado, pero el salto que das es al hábito, el no pensar, el impulso natural. A esto se llega, en detalles como el del autobús, por los padres y la educación, principalmente.

Fernando dijo...

Hola, Alejando, qué buen blog.

La escena, sin duda, ocurrió en Sevilla, donde todo es bonito. En Madrid, mi ciudad, el conductor no habría parado, habría pegado tres gritos al viajero bondadoso (que también sería insultado por otros viajeros) y en la siguiente parada habría acelerado, para no coger a un sudamericano que llegaba corriendo.

En Madrid sí que está todo perdido.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Buenas, Beades: así es, el tema es la educación. Hice referencia a Schiller porque me gusta el matiz "estético" que le da al asunto, pero también hubiera servido Aristóteles: la virtud es justamente el bien convertido en hábito, en naturaleza, en "idiosincrasia"...

Hola, Fernando. Jeje, bueno... la escena, en realidad, ocurrió en Viena, la anoté en mi diario, y esperó hasta ayer para convertirse en entrada de mi blog. En Sevilla el autobús nunca hubiera llegado: porque estaría estropeado, porque su conductor se quedó dormido y no fue a trabajar, o porque se estrelló contra la estación de un metro que no existe tratando de esquivar a un gorrilla.

Rocío Arana dijo...

¡¡¡Blog de Séneca!!! ¡¡¡Qué alegría!!!

Anónimo dijo...

hola

Anónimo dijo...

Yo soy de Sevilla y habemos conductores muy honrados.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Hola, Rocío, me alegra mucho verte por aquí. Pásate cuando quieras. Y di las mismas impertinencias que yo digo en tu blog...

irichc dijo...

Estupenda entrada, enhorabuena.